dissabte, 6 d’octubre de 2007

AQUEL «TOUR» QUE YO SEGUÍ...

(Recuerdos del «Diario de Àfrica»
y del semanario «África Deportiva»)
Por Emilio Casademont Comas («Otes»)



DE MIS ANTIGUOS tiempos de periodismo en Marruecos, jamás podré olvidar la época que consagré al comentario y a la crítica del ciclismo internacional, en las páginas del «Diario de África» y su suplemento semanal de los lunes, «África Deportiva». Una época que, la verdad sea dicha, me proporcionó enormes satisfacciones. Porque, aparte de que mis modestos artículos eran «devorados» con avidez por el público lector, dióse la circunstancia de que me apunté un señaladísimo éxito como «enviado especial» (luego, ustedes comprenderán el por qué de este entrecomillado) del «Tour de France 1959», éxito agrandado por el hecho de que me atreví a predecir, con una valentía rayana en la inconsciencia, el sonado triumfo en el mismo de Federico Martín Bahamontes...

De lo poco que guardo, de lo mucho que escribí en las columnas de los citados periódicos durante los años cincuenta y comienzos de la década de los sesenta ( temas muy diversos de información general, pasando por el reportaje, la entrevista, la crítica de cine, etc.), destaca un álbum debidamente encuadernado sobre aquel extraordinario «Tour», que hizo que, por vez primera en la historia, un español inscribiera su nombre -y, además, en letras de oro macizo- en la envidiable lista de ganadores de la Vuelta a Francia. Envidiable lista, repito, por cuanto es indudable que la «ronda gala» constituye, en realidad, todo un formidable Campetonato del Mundo de Ciclismo.

En la redacción del «Diario de África» y «África Deportiva», situada en Tetuán, capital del antiguo Protectorado Español en Marruecos, viví intensamente aquel «Tour» del año 59. Apenas iniciada una etapa (incluso antes de que se alzara su telón), seguía al minuto -mejor, al segundo- las incidencias de la misma, gracias a los teletipos que me iban ofreciendo en badeja de plata los servicios de las grandes agencias internacionales de prensa, así como también merced a las retransmisiones «extras» de las emisoras de radio. Las alas de la imaginación, en un fantástico vuelo, me trasladaban al escenario del «Tour». Y así, lograba «camuflarme» entre los verdaderos enviados especiales de los medios informativos a la prueba. Horas y más horas, pasábame deambulando por las carreteres llanas y turtuosas... ¡Siempre pegado «a las ruedas» de los ciclistas! Hasta que, al final, los «forzados de la ruta», luego de haber coronado, en ocasiones, impresionantes «cols», pisaban sudorosos, jadeantes, la meta de llegada. Y después..., ¡hala! Como todo buen periodista-seguidor, me sentaba ante la máquina de escribir e, imitando lo mejor que podía a un auténtico maestro en estos menesteres (el fabuloso «avi» Ramón Torres, de «El Mundo Deportivo»), redactaba mi crónica de la jornada. Una crónica extensa las más de les veces, que, además de narrar las incidencias puramente deportivas registradas en la etapa, atrevíase a reflejar, inclusive, el colorido de los paisajes de los caminos de la «douce France», por donde discurría el «Tour», y otros detalles históricos, constumbristas, etc. de las regiones que atravesaba la llamada «serpiente multicolor»... ¡Ah! Y todo ello, a menudo, adornado con unas pinceladas poéticas, que salían impensadamente de mi pluma. O, para ser más exacto, de las teclas de mi máquina...

Luego, al día siguiente, aparecía mi crónica publicada, bajo el título genérico de «El Tour que yo sigo...». Y dábase el caso curioso de que la mayoría de mis lectores tenían el convencimiento absoluto de que «Otes» (pseudónimo que usaba para firmar aquellos trabajos) era un seguidor real de la Vuelta a Francia, pese a que, en ocasiones, yo mismo había hecho constar lo contrario... Recuerdo que, incluso, el cónsul general de España en Tetuán, don Santiago Sangro y Torres (q.e.p.d.), que llegó a interesarse muy vivamente por el ciclismo leyendo mis artículos, fue uno de los que confundieron «gato por liebre»...

A veces, aún hojeo aquel álbum que guarda los recortes periodísticos de un «enviado-especialísimo» al «Tour de France». De un comentarista (así está mejor) de aquella ya un tanto lejana edición de la Vuelta a Francia, que tan soberbiamente ganó el «Águila de Toledo», proclamándose, además, «rey de la montaña» de la misma. ¡Qué multitud de recuerdos más entrañables me aporta su repaso...! Hay un par de grandes reportajes para empezar, de página y media cada uno, publicados, precisamente, en los dos últimos números que vieron la luz del semanario «África Deportiva». Unos reportajes de «avant match», en los cuales relataba los preparativos de la imponente «ronda gala» y la confianza que me inspiraba Bahamontes. Conservo el álbum, como oro en paño. Y por varios motivos sentimentales e históricos. Uno de ellos, porque es algo que pertenece a unos periódicos -¡famosos y prestigiosos rotativos!- que, por desgracia, pasaron hace tiempo a mejor vida. Y otro, porque las páginas de este álbum dan fe del amor que siempre he sentido por el noble deporte de los pedales. Un amor apasionado, que logró, en aquel inolvidable verano de 1959, que me apuntara un brillante éxito periodístico, que corrió parejas con el del histórico-ciclista de «Fede»...





Publicado en el libro-programa de las Ferias y Fiestas de la Santa Cruz de Figueras (Gerona) del año 1974, editado por el Club Ciclista Ampurdanés.